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OPINIÓN | La Argentina que duele y no reacciona: el eco de una herida abierta, Por Darío Favre

Me duele Argentina; es triste ver lo que estamos viviendo. Gran parte del pueblo está sumergida en una situación crítica, sin poder cubrir sus necesidades básicas. Es desolador ir a una carnicería y observar cómo lo que antes era cotidiano hoy se ha vuelto un lujo para pocos.
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Redacción 7Paginas

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Si en 2017 nos entristecía ver a la gente comprando apenas medio kilo de carne picada, hoy, en este mayo de 2026, la realidad nos golpea con datos irrefutables: el consumo de carne vacuna ha tocado su punto más bajo en 20 años, con un promedio de apenas 47 kilos por persona al año.

Gobernantes ciegos y promesas vacías

No sé si los gobernantes son ciegos o si se hacen los distraídos, más preocupados por las próximas elecciones o por las reformas macroeconómicas que por el hambre de la gente. El principal responsable es siempre quien ostenta el poder, aquel que falta a su palabra.

Ayer fueron el Plan Belgrano o los créditos Procrear; hoy se habla de reformas estructurales y privatizaciones para financiar reequipamientos militares. Mientras el gobierno celebra un crecimiento proyectado del 3,8% —el más alto de la región según el BID—, el consumo masivo en los barrios sigue cayendo mes a mes. La «Grandeza Argentina», oficializada por decreto para este 2026, no se siente en la calle.

Los sectores más golpeados

La historia parece repetirse en un bucle infinito:

Jubilados en pausa: En este mes de mayo de 2026, reciben un aumento del 3,4% por movilidad, pero con un bono de refuerzo congelado en $70.000 desde hace meses. Su poder de compra se licúa frente a una inflación que, aunque muestre signos de bajar, no perdona a los bolsillos más flacos.

Educación y Trabajo: Promesas de sueldos y condiciones para los maestros que nunca llegaron, sumado a una deuda histórica con nuestros abuelos que se salda con migajas.

La diplomacia y el ruido digital

Incluso en la diplomacia pasamos vergüenza: contradicciones constantes entre la Cancillería y la Presidencia, mientras el país se endeuda a niveles alarmantes y la corrupción parece instalada en cargos clave.

¿La gente no lo ve? Seguimos bombardeados, pero ahora el ruido es digital.

¿Vamos a seguir creyendo en relatos que nos mienten todo el tiempo? Es hora de reaccionar. La confianza en el gobierno muestra señales de desgaste porque la estabilidad de los «números grandes» no termina de llegar a la heladera de los que menos tienen.

Conclusión

Nueve años pasaron de aquel 2017 y, aunque los nombres en los despachos cambiaron, el nudo en la garganta al caminar por la calle es el mismo. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que nos sigan empobreciendo y endeudando?

Argentina sigue siendo ese país de promesas gigantes y realidades difíciles. Hoy, como ayer, el sentimiento es el mismo: la grandeza de una nación no se decreta por ley; se siente en el bolsillo y en la dignidad de su pueblo.