La esquina de Pte. Illia y Paula Albarracín, en nuestra ciudad, se convirtió en las últimas horas en el fiel reflejo de una desidia que duele y preocupa. En un video que circuló en redes sociales y llegó a la redacción de 7Paginas, se observa una secuencia que hiela la sangre: una mujer en moto cruza el semáforo en rojo sin el más mínimo escrúpulo.
Sin embargo, lo más grave no es la infracción de tránsito en sí, sino el «cargamento» que transporta: un bebé totalmente desprotegido, sin casco y expuesto al peor de los destinos por un segundo de imprudencia absoluta.
El asfalto no tiene piedad
La pregunta surge inevitable: ¿Qué pasaría si un vehículo avanzara correctamente con el verde desde la otra arteria? El impacto sería fatal. La vida de ese pequeño se apagaría en un instante por una negligencia que es, a todas luces, evitable.
Este episodio no es un hecho aislado ni se agota en la «falta de controles de tránsito». Estamos ante una profunda crisis de valores donde la vida humana, incluso la de los más vulnerables, parece haber perdido su peso frente a la urgencia o el desinterés.
Más allá de la multa
La solución a este problema no se agota con una sanción económica. Se requiere:
Control estricto: Presencia efectiva en las esquinas críticas de la ciudad.
Educación real: Campañas que lleguen al hueso de la responsabilidad parental.
Conciencia ciudadana: Entender que la seguridad de un hijo no se negocia bajo ninguna circunstancia.
La calle no perdona y el asfalto no tiene piedad. Como sociedad, no podemos seguir naturalizando que un bebé sea transportado como un objeto más, a merced de la suerte. La seguridad vial es, ante todo, respeto por la vida.

