En un contexto social complejo, donde las urgencias económicas obligan a postergar el bienestar personal, las respuestas comunitarias nacidas desde el corazón de los propios barrios emergen con una fuerza transformadora. Este es el espíritu de “Mujeres de Barrio”, una cruzada solidaria gestada en Concordia por Claudia Blanco. Tras haber superado un pasado marcado por la violencia de género, Claudia decidió multiplicar sus fuerzas para elevar la autoestima de las mujeres en las zonas más postergadas de la ciudad, allí donde los casos de vulnerabilidad y agresión se repiten a diario.
La historia se dio a conocer inicialmente a través de una cobertura del periodista local César Goya para el programa Entre Noticias de la televisión entrerriana, quien posteriormente compartió el material con la redacción de 7Paginas. Más allá del valor del servicio estético, la iniciativa abre un debate profundo en la comunidad e interpela de manera directa a aquellos colectivos de género que sostienen grandes discursos, pero muestran escaso despliegue territorial y acompañamiento real para las víctimas en el territorio.
Lo que comenzó como un pequeño grupo de WhatsApp coordinado por Claudia es hoy un numeroso contingente de voluntarias y voluntarios que donan su tiempo y capacidad profesional. La premisa del equipo es simple pero indispensable: brindar un espacio donde las vecinas puedan recibir atenciones estéticas que hoy les resultan completamente inaccesibles por sus costos.
“Esto nace pensando en nosotras, en las mujeres que a veces nos queremos dar el gusto de hacernos un baño de crema o pintarnos las uñas. Las mujeres de los barrios también merecemos cuidarnos, sentirnos bien y hacernos un mimo en medio de tantas dificultades. Empezamos siendo cuatro y ahora somos una banda que no para de crecer por vocación pura”, relató Claudia Blanco.
Según lo apuntado por Claudia, el abanico de servicios que el grupo ofrece de manera absolutamente gratuita incluye, estética Femenina, con cortes de cabello, alisados, nutrición capilar, manicuría, limpiezas de cutis y tratamientos de nutrición para la piel.
Pero además están los cortes Infantiles y Masculinos, contando con la valiosa colaboración de un grupo de barberos quienes se sumaron a la propuesta para atender a los niños y varones del barrio. Entre ellos se destacan dos adolescentes de 16 y 13 años (este último próximo a recibirse), quienes decidieron volcar sus estudios en una acción solidaria para sus pares, como asi también la resiente incorporación de un masajista para brindar atención prioritaria a las adultas mayores del programa.
Logística a pulmón
Llevar adelante cada jornada requiere un esfuerzo logístico notable. El equipo debe trasladar camillas, insumos de peluquería, mesas, gazebos e incluso donaciones de ropa y calzado que recolectan previamente, sumado a algo para compartir durante la merienda.
“Nos contactan por WhatsApp, generalmente coordinadoras de merenderos o vecinas que ofrecen sus casas porque saben que hay muchas mujeres necesitadas. Mi marido me presta su camioneta Ford, ahí cargamos todo y salimos. Algunos van conmigo, otros en moto o en colectivo, y nos encontramos en el punto fijado”, detalló la fundadora.
El grupo ya ha dejado su huella en los barrios Las Colinas y La Arrocera, y su próximo destino agendado es el Barrio Gerardo Yoya. El único pago que recibe este grupo humano es la gratitud de la gente. “El otro día la demanda era tanta que no dábamos abasto, y las mismas mamás del barrio se pusieron a secar el pelo y a lavar las cabezas de las demás vecinas. Se generó una sinergia hermosa”, recordó con emoción.
Sanar el alma: el valor de sentirse linda y valorada
Más allá de la transformación estética, el verdadero corazón de «Mujeres de Barrio» radica en la palabra y el acompañamiento. Claudia Blanco aprovecha el espacio de distensión para dialogar de igual a igual con las asistentes, compartiendo su propia vivencia para encender una mecha de esperanza en contextos de sumisión.
“Yo fui víctima de violencia de género y sé perfectamente lo que es sentirse fea, insegura y mal con una misma. En ese momento oscuro yo no tuve a nadie que me ayudara a levantar la cabeza. Por eso, cuando vamos a los barrios, les doy una charla y les digo: Cuídense, quiéranse, pónganse lindas para ustedes mismas, que nadie las vea bajoneadas. Arréglense y piensen que son las mujeres más lindas de este mundo. Si nos sentimos seguras y fuertes, nadie va a poder venir a hacernos menos”, reflexionó Claudia.
La iniciativa fue elogiada por los cronistas, quienes remarcaron el valor de este «efecto espejo» en un contexto social sensible respecto a las problemáticas de género. En muchas ocasiones, por cuestiones económicas, las madres postergan su propia imagen y salud mental priorizando la subsistencia de sus hijos. Acciones como las de este grupo no solo inyectan autoestima y empoderamiento real, sino que demuestran con hechos concretos que la reconstrucción del tejido social se consolida en el territorio, tendiendo una mano allí donde las estructuras tradicionales no logran llegar.
Redaccion de 7Paginas


