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Ni el intenso frío detuvo las clases: con una sensación térmica de -4°C, los alumnos de la Escuela Rural Nº 56 asistieron con normalidad

La intensa ola polar que afecta a Entre Ríos dejó este viernes una postal tan fría como conmovedora en la zona rural de Puerto Yeruá. Con una sensación térmica de -4 grados, caminos cubiertos de escarcha y una fuerte helada blanca sobre los alambrados, los alumnos de la Escuela Nº 56 "Ángel Cayetano Bardelli" volvieron a demostrar que el compromiso con la educación puede más que las bajas temperaturas.
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Redacción 7Paginas

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Desde las primeras horas de la mañana, los guardapolvos comenzaron a aparecer en la puerta del establecimiento. Algunos estudiantes llegaron caminando desde parajes cercanos, otros acompañados por sus padres en motocicleta y muchos utilizando el transporte escolar que recorre los caminos rurales.

Bufandas hasta la nariz, manos en los bolsillos y mochilas al hombro fueron parte de una imagen que se repite cada invierno, cuando el frío extremo se convierte en un desafío cotidiano para las familias del campo.

Una escuela que nunca se detiene

La Escuela Nº 56, que lleva el nombre de Ángel Cayetano Bardelli, es mucho más que un establecimiento educativo para las familias rurales de Puerto Yeruá. Es un espacio de encuentro, de contención y de oportunidades para niños y niñas que, sin importar las condiciones climáticas, mantienen intactas sus ganas de aprender.

«Con este frío uno pensaría que el aula está vacía. Y no. Están todos. Acá el frío es parte del día. La escuela también», comentó una de las docentes del establecimiento, reflejando el compromiso que caracteriza tanto a los alumnos como a las familias de la comunidad educativa.

Mientras afuera el paisaje amanecía completamente cubierto por la escarcha y el aire helado dominaba la jornada, dentro de las aulas las estufas encendidas, los pizarrones y las actividades escolares ofrecían un ambiente cálido para continuar con las clases.

La educación, una prioridad también en el campo

La escena registrada este viernes refleja una realidad que se repite en muchas escuelas rurales entrerrianas, donde el esfuerzo diario de docentes, alumnos y familias permite sostener la educación aun en las condiciones climáticas más adversas.

En la ruralidad, recorrer kilómetros por caminos de tierra con las botas cubiertas de escarcha forma parte de la rutina de muchos estudiantes. Sin embargo, esa realidad también expresa una fuerte convicción: la educación no se detiene porque haga frío.

Cada jornada de asistencia es una muestra del compromiso de una comunidad que entiende que la escuela sigue siendo una herramienta fundamental para construir oportunidades y futuro, incluso cuando el invierno pone a prueba la voluntad de quienes viven y trabajan en el campo entrerriano.

Por Exequiel Bond