Ya me pasó en el 86, me tocó llorar de emoción, quebrado por ese alivio que entra en tu cuerpo al ver que todo podría haber sido distinto. Yo no quiero venganza, yo solo quiero atesorar esas pequeñas revanchas que la vida, el futbol y la pasión pueden otorgarte como aspirinas con sabor, ante males incurables. REVANCHA NO ES VENGANZA. Si entendemos esto, será solo futbol, pero no un partido más.
VENGANZA: buscar dañar al otro por despecho, la venganza destruye los vínculos sociales y opera fuera de las normas.
REVANCHA: inherente a la condición humana, nace del instinto de superación, el juego y la autoafirmación. busca restablecer el equilibrio ante una nueva oportunidad de competencia. El deseo de revancha es un motor interno adaptativo que nos impulsa a demostrar que el resultado anterior no define nuestra capacidad real.
La revancha es una forma civilizada de canalizar la frustración. Transforma el impulso destructivo en una motivación constructiva para mejorar, entrenar o prepararse mejor para el siguiente encuentro (sea deportivo, laboral o intelectual). La revancha tiene reglas del juego y reconoce al oponente que quiere volver a enfrentar y superarlo. Es, en esencia, la manifestación emocional de la resiliencia competitiva.
Este partido es el ejemplo perfecto para desmenuzar esta diferencia, porque es un escenario donde la revancha deportiva se convierte en escudo ético anti venganza. Lo que los argentinos sentimos es un dilema moral muy humano: el deseo de sanar una herida del pasado sin corromper nuestros propios valores.
El marco histórico actúa como motor emocional masivo. Es natural que aflore dolor, pero querer una revancha leal nos genera el poder restablecer simbólicamente claro, la igualdad frente a la guerra que es una asimetría trágica. El campo de juego da igualdad estricta (11 contra 11, mismos minutos, un árbitro). La revancha nos regala ese “mano a mano”, algo que la historia no permitió.
El ADN argento sigue repitiendo que no se gana haciendo trampa o lastimando, esas “victorias” no demuestran superioridad, sino degradación. Ganar con lealtad y reglas es la única forma real de superar al adversario.
Al elegir la revancha leal, este pueblo privilegia su integridad, su identidad. No borra el pasado, pero nos concede este presente para demostrar que el dolor no nos convirtió en seres destructivos, sino en un competidor leal y digno.
Entonces, todos aquellos que repiten, “es solo futbol”, como aquellos que buscan venganza de lo irremediable, sepan entender a quienes, habiendo vivido con todo aquello a flor de piel, entendamos que es solo futbol, pero NO ES SOLO UN PARTIDO.