Luego de instalarse en la localidad de Quibdó, en el departamento del Chocó, desde el 19 de agosto, los hombres y mujeres del contingente argentino desplegaron capacidades de potabilización y distribución de agua, preparación de alimentos, atención sanitaria, logística, comunicaciones y comando y control, trabajando junto al Ejército Nacional de Colombia, Defensa Civil, autoridades locales y organizaciones humanitarias.
Las intensas jornadas de asistencia llevadas adelante en condiciones geográficas, logísticas y de seguridad particularmente exigentes, requirieron una gran predisposición y preparación profesional, para lo que tuvieron que emplear una gran capacidad de adaptación y, fundamentalmente, de vocación de servicio, lo que permitió transformar los medios y capacidades militares en ayudas concretas para la población afectada por el terremoto.
La asistencia humanitaria argentina se desarrolló en un contexto de seguridad dinámico, que exigió mantener una evaluación permanente de la situación, y una estrecha coordinación con las autoridades colombianas para la protección y cuidado del personal, medios asignados y desarrollo de las actividades de asistencia.
En coordinación permanente y con el acompañamiento de la XVta. Brigada del Ejército Nacional de Colombia, autoridades locales, Defensa Civil y distintas organizaciones con las que compartieron diariamente las tareas de asistencia, la cooperación permanente y la preocupación por el camarada permitió superar dificultades, coordinar movimientos, acercarse a las comunidades y hacer que cada capacidad disponible pudiera convertirse en una respuesta concreta.
El lado B del contingente militar
A pesar de la misión asignada y la necesidad del cumplimiento de distintos objetivos, en el terreno no fueron solamente soldados argentinos. Desde que abordaron la aeronave que los llevó hasta allí, se transformaron en médicos, logísticos, especialistas en comunicaciones, cocineros, cuidadores, amigos: fueron hombres y mujeres argentinos representando a su país a través del servicio, la solidaridad y la fraternidad.
Para quienes participaron de esta operación, quedarán grabados en su memoria los rostros de los niños atendidos, el bullicio de las familias que recibieron agua y alimentos, las largas y calurosas jornadas compartidas con los hermanos colombianos, las dificultades superadas y la satisfacción de haber puesto conocimientos, capacidades y esfuerzo al servicio del otro.
Una vez más, las Fuerzas Armadas de nuestro país no solamente demuestran su capacidad para operar en los ámbitos más exigentes, sino también en el terreno de la solidaridad, cuando son capaces de proteger, asistir, acompañar y llevar esperanza allí donde una comunidad atraviesa sus momentos más difíciles.
La Operación Colombia en números
El balance alcanzado permite dimensionar el esfuerzo realizado:
* Cerca de 250.000 litros de agua potabilizados
* Más de 40.000 sachets de agua distribuidos
* Entre 500 y 600 raciones de alimentos preparadas diariamente
* Cerca de 200 prestaciones médicas realizadas, de las cuales el 70 % fueron destinadas a niños
A pesar de ser una herramienta para cuantificar, lo que los números no pueden medir son las sensaciones que quedaron en Quibdó, y las que volvieron el domingo a la argentina: la satisfacción por la misión cumplida, los vínculos y enseñanzas compartidas que permanecerán en cada una de las personas que participaron de la Operación Colombia, la calidez de quienes tendieron la mano; porque detrás de cada litro de agua hubo una familia, detrás de cada ración de alimentos preparada hubo una necesidad atendida, detrás de cada consulta médica hubo una persona que se sintió asistida y detrás de cada abrazo, hubo más que una misión, hubo solidaridad y una mano tendida.
La presencia en Colombia llegó a su fin, el personal y los medios regresaron, pero la operación no concluye: las personas asistidas, las experiencias compartidas y los vínculos construidos, permanecerán en la memoria de quienes fueron parte de ella.