El fenómeno de El Niño vuelve a encender las alarmas en la Argentina. Las inundaciones que afectan a distintas zonas del Litoral son una muestra de los riesgos asociados a un evento climático que podría extenderse hasta diciembre y tener consecuencias directas sobre la economía, desde la producción agropecuaria hasta los precios de los alimentos y la logística de exportación.
La preocupación no se limita a las familias que enfrentan las crecidas de los ríos. También alcanza a productores, empresas, economistas y funcionarios, que siguen de cerca la evolución del fenómeno y sus posibles efectos sobre una economía que depende en buena medida de las exportaciones del campo.
Uno de los puntos sensibles es la Hidrovía Paraná-Paraguay, una vía fundamental para el comercio exterior argentino, por donde sale una parte sustancial de las exportaciones. Las variaciones en el caudal de los ríos podrían generar dificultades operativas y logísticas, mientras que los anegamientos amenazan con complicar caminos rurales, actividades productivas y el transporte de granos.
El campo, entre la oportunidad y el riesgo
Para el sector agropecuario, El Niño puede representar una oportunidad. A diferencia de La Niña, fenómeno asociado a la sequía que afectó la campaña 2022/23, suele favorecer las precipitaciones y mejorar la humedad del suelo, condiciones que pueden impulsar los rendimientos de cultivos como la soja y el maíz.
El economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, Diego Picardo, sostuvo que el fenómeno suele ser favorable para el campo argentino y consideró que, en un escenario promedio, el balance económico podría resultar positivo.
Sin embargo, advirtió que la intensidad del evento puede cambiar el panorama. Las lluvias excesivas y las inundaciones pueden provocar pérdidas de producción, dificultar la cosecha y complicar el traslado de los granos.
Un trabajo de la consultora EcoGo, basado en campañas agrícolas desde 1980/81, indicó que durante los años de El Niño la soja rindió, en promedio, un 6,1% por encima de su tendencia, mientras que el maíz registró una mejora del 6,4%.
Para la campaña 2026/27, la consultora proyectó una cosecha de 155,8 millones de toneladas, aunque esa estimación todavía no incorporaba plenamente el efecto del fenómeno climático. Si se repitieran los desvíos históricos de rendimiento para soja y maíz, podrían sumarse alrededor de siete millones de toneladas. Se trata de una referencia estadística y no de una proyección definitiva.
La Bolsa de Comercio de Rosario, por su parte, señaló que la intensidad prevista podría ubicarse en la categoría de Niño fuerte, por debajo de las estimaciones iniciales de un evento muy fuerte.
El principal interrogante es la distribución de las lluvias. Mientras algunas regiones podrían beneficiarse, otras quedarían expuestas a excesos hídricos, inundaciones y pérdidas económicas.
Ganadería, alimentos y energía bajo la lupa
Las consecuencias también podrían sentirse en otros sectores. En la ganadería, las lluvias pueden favorecer el crecimiento de las pasturas y reducir costos de alimentación, pero las inundaciones generan daños en instalaciones, campos y caminos, además de dificultar el traslado de animales.
La consultora Abeceb advirtió que el impacto será desigual según la región y la actividad. Su análisis también puso el foco en la construcción, que podría sufrir interrupciones en las zonas afectadas, y en la generación hidroeléctrica, que tendría mejores condiciones de disponibilidad de agua.
En materia energética, un mayor aporte de los ríos a las represas podría reducir la necesidad de recurrir a centrales térmicas que utilizan combustibles más caros. Esto contribuiría a disminuir los costos de generación eléctrica, aunque no necesariamente se traduciría de manera directa en una reducción de las tarifas para los usuarios.
En paralelo, el mercado alimentario sigue con atención la evolución de los precios. Las estimaciones mencionadas en el informe apuntan a posibles aumentos de hasta el 10% en la carne vacuna hacia fines de año, en un contexto de menor oferta y consumo debilitado. Todavía no es posible atribuir una eventual suba exclusivamente a El Niño.
Los alimentos y las bebidas representan el 23,4% del Índice de Precios al Consumidor, mientras que la carne vacuna tiene un peso significativo dentro de ese rubro. Por eso, cualquier presión adicional sobre sus valores podría complicar el proceso de desaceleración inflacionaria.
Un fenómeno que puede generar pérdidas millonarias
La dimensión económica de las inundaciones preocupa también por los daños sobre viviendas, infraestructura, empresas y establecimientos productivos.
De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial citadas en el informe, las inundaciones le cuestan a la Argentina alrededor de 1.000 millones de dólares anuales en activos destruidos, con un rango estimado de entre 500 y 1.400 millones de dólares. Se trata de cifras de un estudio de 2021 y no de una evaluación actualizada de los daños que podría provocar el evento en curso.
Para América Latina, el organismo proyectó costos por unos 60.000 millones de dólares asociados a las inundaciones. A su vez, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advirtió que un fenómeno extremo de El Niño podría ocasionar pérdidas acumuladas equivalentes a por lo menos el 2% del producto bruto interno regional en tres años.
El impacto no se limita a los daños visibles. Las empresas afectadas pueden perder mercadería, detener la producción, enfrentar mayores costos de transporte y sufrir incumplimientos contractuales. En muchos casos, el tiempo que una actividad permanece paralizada puede generar pérdidas superiores al costo de reparar los daños materiales.
Las inundaciones representan el 54% de los desastres naturales registrados en la Argentina desde 1970. Además, alrededor del 28% de la población vive en zonas propensas a sufrirlas, según los datos consignados en el informe.
El Gobierno monitorea la situación en el Litoral
Frente a este escenario, el Gobierno nacional viene coordinando acciones con las provincias de la Cuenca del Plata y organismos científico-técnicos para evaluar posibles escenarios y organizar respuestas ante las emergencias.
Santiago Hardie, titular de la Agencia Federal de Emergencias, explicó que el trabajo de coordinación comenzó en mayo y que, por el momento, la situación en el Litoral está marcada principalmente por los desbordes de los ríos, a diferencia de las lluvias que provocaron graves consecuencias en Brasil.
El funcionario señaló que el fenómeno es complejo de pronosticar porque interactúa con otros factores climáticos y que el período de mayor atención se extiende entre octubre y diciembre.
La evolución de los caudales será determinante para establecer el alcance de los riesgos, especialmente en las zonas bajas y en las áreas productivas cercanas a los ríos.
Los costos llegarían antes que los beneficios
El impacto económico de El Niño podría desarrollarse en dos tiempos. Si las condiciones climáticas favorecen la próxima cosecha, los eventuales beneficios para el ingreso de divisas se verían recién en 2027, cuando se comercialice la producción.
En cambio, los costos de las inundaciones ya empiezan a sentirse: familias afectadas, caminos rurales anegados, empresas con dificultades para operar, posibles complicaciones logísticas y presión sobre determinados precios.
El fenómeno también vuelve a poner sobre la mesa la importancia de las obras de infraestructura, la prevención y la capacidad de respuesta ante emergencias cada vez más frecuentes.
Para la Argentina, el desafío será aprovechar las condiciones favorables que las lluvias puedan ofrecer al campo sin subestimar el impacto de los excesos de agua. Porque, aunque El Niño pueda mejorar los rindes agrícolas, las inundaciones tienen la capacidad de transformar esa oportunidad en un problema económico y social de gran magnitud.
Fuente: Inforbae