Una situación de profunda indignación y malestar se registró en pleno centro de Concordia al término de la final del mundo disputada por la Selección Argentina. Según el relato de testigos presenciales, un jubilado fue obligado a abandonar la plaza 25 de Mayo por un efectivo policial bajo la amenaza implícita de ser arrestado si no se retiraba del lugar.
El lamentable episodio ocurrió en el marco del operativo de seguridad montado en el microcentro de la ciudad, cuya directiva principal consistía en prohibir los festejos masivos en la plaza principal y derivar las concentraciones hacia la zona de la Costanera. Sin embargo, la estricta aplicación de la medida terminó afectando a un abuelo que nada tenía que ver con un marco de desmanes ni de festejos desmedidos.
«Apretado» por sentarse en un banco
Según consta en la denuncia pública dada a conocer por el portal Conectados Concordia y replicada por 7Paginas, el adulto mayor decidió sentarse a descansar de manera solitaria y pacífica en uno de los bancos del paseo público. Fue en ese momento cuando un funcionario policial se le acercó y lo «apretó» para que despejara la zona, advirtiéndole que de no hacerlo terminaría demorado en la jefatura. Ante la intimidación y para evitar terminar preso, el anciano no tuvo más opción que levantarse y retirarse del lugar.
Si bien las órdenes operativas del dispositivo de seguridad buscaban descentralizar la zona céntrica y trasladar las celebraciones al sector de la Costanera para preservar el orden público, en ningún apartado de la disposición se contemplaba el desalojo arbitrario de transeúntes o vecinos de la tercera edad que hacían uso del espacio público respetuosamente.
Falta de sentido común e indignación vecina
El accionar del uniformado pone en evidencia una total falta de sentido común y criterio profesional. La presencia solitaria y calma de un vecino mayor en un banco de la plaza 25 de Mayo no representaba alteración alguna del orden ni riesgo para terceros.
Este exceso en el celo policial generó repudio entre los presentes y vuelve a poner bajo la lupa la capacitación de las fuerzas de seguridad al momento de aplicar normativas de prevención, donde la empatía y la razonabilidad deben primar por sobre la intimidación innecesaria a los ciudadanos.