El caso de Yanina (nombre ficticio para resguardar su integridad) es el fiel reflejo de las fallas en el sistema de protección estatal. Hace casi un año, tras separarse de su pareja, lo que debería haber sido un proceso de búsqueda de paz se transformó en un «calvario» de violencia, miedo y burocracia judicial.
A pesar de haber radicado la primera denuncia por violencia de género el 7 de junio de 2025, Yanina y sus tres hijos menores de edad continúan desamparados. El denunciado, quien según la madre muestra signos de inestabilidad mental, ignora las restricciones y se presenta sistemáticamente en la escuela, el club y el domicilio de las víctimas.
El silencio de una niña de 8 años
El punto más doloroso de esta historia se centra en Camila (nombre ficticio), la hija de 8 años de Yanina. La menor ha manifestado cambios drásticos en su conducta: padece crisis de ansiedad, se arranca el cabello, dejó de comer y ha expresado frases que alertan sobre un posible abuso por parte de su progenitor.
«Camila no es la misma nena que el año pasado. En la escuela me piden que la retire por dolores de estómago y cabeza constantes. Está triste, tiene miedo y no quiere salir a la plaza», relató Yanina a 7Paginas.
A pesar de que la pediatra de la niña solicitó de manera urgente una Cámara Gesell tras observar el cuadro psicofísico, el proceso está estancado. Desde el COPNAF y los equipos técnicos han sugerido «esperar a que la nena hable sola», sin considerar que el miedo al agresor es lo que la mantiene en silencio. «Ella tiene miedo de hablar porque lo que contó en un momento llegó a oídos del padre, y él la increpó diciéndole que era mentira. Desde ahí, se cerró», explicó la madre.
Violencia económica y hostigamiento permanente
La situación se agrava por la falta de sustento. La abogada de la familia, la Dra. Cielo Petit, viene reclamando el pago de la cuota alimentaria, la cual el denunciado adeuda desde hace seis meses, ejerciendo una clara violencia económica que afecta el día a día de los menores.
Yanina describe una persecución que no tiene límites: «Se aparece donde mi hijo mayor hace deporte, en la esquina de casa, en la reja de la escuela. Les deja notas en la merienda. Mis hijos y yo vivimos con terror».
Un petitorio urgente
Ante la falta de resultados, la madre ha presentado un documento solicitando la tutela judicial efectiva. Los puntos principales de su reclamo son:
Suspensión inmediata de cualquier vinculación: Hasta que el progenitor acredite un tratamiento psiquiátrico serio.
Fijación de fecha urgente para Cámara Gesell: Para evitar la revictimización y resguardar el testimonio de la menor.
Medidas por incumplimiento alimentario: Inscripción en el registro de deudores y sanciones coercitivas.
Intervención real del COPNAF: Que el organismo priorice el interés superior del niño por sobre las mediaciones con un agresor.
«Lo que pido es que protejan a mi hija, que busquen la manera de escucharla aunque no pueda hablar por el miedo. Necesito que ella vuelva a ser la nena que se reía y jugaba», concluyó Yanina.
El caso ya se encuentra en manos de la Justicia de Familia y el Ministerio Pupilar, pero el tiempo corre y la salud de los tres menores se deteriora día a día a la sombra de un Estado que, por ahora, solo ofrece «espera».