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Concordia: ¿Villa Busti o Crestolandia? De la capital de la pobreza, a la capital de las deudas.

Caricatura política de Jorge Busti, Enrique Cresto y Juan Carlos Cresto frente a una Concordia pobre y endeudada.
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Redacción 7Paginas

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La ciudad volvió a encabezar los peores indicadores sociales del país. Ahora no solamente concentra pobreza e indigencia: casi tres de cada diez concordienses con deudas están en mora. Durante décadas, el poder político administró la necesidad, multiplicó cargos y construyó dinastías, pero nunca modificó la matriz económica que condena a miles de familias.

Concordia puede cambiar de intendente, de discurso y hasta de color político. Lo que no cambia es su lugar en las estadísticas más dolorosas de la Argentina.

Un nuevo informe del Centro de Estudios para la Ciudad revela que el departamento Concordia registra una tasa de mora del 17,42%, muy superior al promedio entrerriano, que se ubica en el 13,3%. Pero el dato más alarmante es otro: el 28,91% de las personas endeudadas está en mora. Son 14.021 concordienses que ya no pueden pagar regularmente sus obligaciones.

La deuda vencida acumulada alcanza los 31.169 millones de pesos. No son números abstractos: son familias que recurren a tarjetas, financieras, mutuales o prestamistas para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir gastos ordinarios.

El cuadro se vuelve todavía más brutal cuando se analizan los créditos otorgados por proveedores no financieros. Allí, la mora llega al 50,22%: prácticamente la mitad de los tomadores no puede pagar. Existen al menos 7.000 deudores morosos y una deuda vencida de aproximadamente 9.160 millones de pesos en ese segmento. Los datos completos fueron publicados por Análisis.

De la capital de la pobreza a la capital de la deuda

Hace apenas unos días otro informe estimó que el 52,5% de los concordienses vive bajo la línea de pobreza y que el 11,2% se encuentra en la indigencia. Concordia volvió así a ocupar el primer lugar nacional entre los aglomerados relevados, muy por encima del promedio argentino. La estimación fue elaborada por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA sobre microdatos de la EPH.

La combinación es explosiva: pobreza, bajos ingresos, empleo precario y endeudamiento impagable.

Concordia ya no es solamente una ciudad pobre. Es una ciudad donde una enorme porción de sus habitantes necesita endeudarse para sobrevivir y después tampoco puede cancelar esas deudas.

La tarjeta reemplazó al salario. La financiera sustituyó al banco. El crédito informal se convirtió en un complemento de ingresos. Y la mora terminó funcionando como el termómetro más sincero de una economía familiar destruida.

¿Villa Busti o Crestolandia?

Durante décadas, Concordia fue uno de los principales centros de poder del peronismo entrerriano. Desde allí se construyeron gobernadores, intendentes, legisladores, ministros y funcionarios nacionales. Allí crecieron las estructuras políticas de Jorge Busti, Gustavo Bordet y la familia Cresto.

Hubo poder, presupuesto, cargos, organismos nacionales, planes sociales y abundante propaganda. Lo que nunca apareció fue un modelo productivo capaz de sacar a Concordia de la pobreza estructural.

La familia Cresto convirtió la política en una extensa continuidad generacional. Juan Carlos Cresto fue intendente en dos períodos; Enrique Cresto gobernó la ciudad entre 2015 y 2023 y también pasó por el ENOHSA nacional. Su esposa, familiares y dirigentes cercanos ocuparon cargos legislativos, ejecutivos y partidarios.

El propio Enrique Cresto, al abandonar la Municipalidad, aseguró que su gestión quedaría en la historia como una de las mejores, aunque admitió ser responsable político de la derrota electoral de 2023. Así lo declaró al terminar su mandato.

La estadística cuenta una historia diferente.

Puede discutirse si Concordia fue primero Villa Busti y después Crestolandia. Lo que resulta difícil discutir es que las familias dirigentes progresaron mucho más que la ciudad que administraron.

La pobreza como sistema de poder

El drama concordiense no puede atribuirse exclusivamente a una gestión municipal ni comenzó con el actual gobierno nacional. La recesión, la pérdida salarial y el encarecimiento del crédito agravan la situación, pero Concordia arrastra estos indicadores desde hace décadas.

La pobreza dejó de ser una emergencia y se convirtió en parte del sistema político.

Durante años se presentó como inclusión lo que muchas veces fue simple administración de la necesidad: planes, cooperativas, contratos precarios, bolsones, fundaciones y estructuras territoriales dependientes del poder. Se atendieron consecuencias sin modificar las causas.

Ese esquema permitió construir lealtades electorales, pero no empleo privado suficiente. Produjo intermediarios políticos, no movilidad social. Multiplicó funcionarios y organizaciones, pero dejó intacta una economía marcada por la informalidad, los salarios bajos y la dependencia estatal.

Por eso Concordia aparece una y otra vez en el mismo lugar, independientemente del crecimiento económico nacional, de los recursos que recibió o de las obras anunciadas.

Azcué tampoco puede vivir de la herencia recibida

La responsabilidad histórica del bustismo, el bordetismo y los Cresto no concede un cheque en blanco al intendente Francisco Azcué.

La gestión actual recibió una ciudad devastada socialmente, pero ya lleva tiempo suficiente en el gobierno como para mostrar algo más que auditorías, denuncias contra el pasado, recortes y ordenamiento administrativo. Equilibrar las cuentas municipales puede ser necesario, pero no alcanza para equilibrar la vida de quienes no llegan a fin de mes.

Azcué deberá explicar cuál es su programa concreto para generar empleo privado, formalizar trabajadores, acompañar a pequeños comerciantes, desarrollar la producción y evitar que media ciudad termine cautiva de financieras y prestamistas.

Denunciar la herencia es apenas el comienzo. Si la administración actual no cambia la matriz económica, terminará gestionando la misma pobreza con otro escudo partidario.

El fracaso detrás de los apellidos

Concordia cuenta con ubicación estratégica, citrus, producción forestal, turismo, comercio fronterizo, infraestructura energética y cercanía con Uruguay. No es una ciudad sin recursos ni posibilidades.

Es una ciudad cuyas oportunidades fueron subordinadas durante demasiado tiempo a la reproducción de un sistema político.

Mientras los grandes apellidos distribuyeron candidaturas y cargos, miles de concordienses acumularon cuotas. Mientras la dirigencia discutió quién encabezaba una lista, las familias eligieron qué factura dejar sin pagar. Mientras algunos heredaron bancas, otros heredaron pobreza.

El nuevo informe sobre endeudamiento rompe definitivamente el relato: 31.169 millones de pesos en mora, 14.021 deudores atrasados y casi tres de cada diez personas endeudadas sin poder cumplir.

Villa Busti o Crestolandia son dos nombres posibles para una misma construcción política. El resultado está a la vista: una ciudad convertida durante décadas en cantera electoral del poder provincial y, al mismo tiempo, en capital argentina de la pobreza y la desesperación financiera.

Concordia no necesita otra dinastía que prometa salvarla. Necesita dejar de ser el feudo donde los políticos siempre progresan y los vecinos siempre quedan debiendo.

Fuente: La Caldera