Pero el dato más preocupante no es solamente la percepción de vivir peor, sino la creciente sensación de que tampoco habrá oportunidades de mejora para las próximas generaciones.
La movilidad social ascendente, cada vez más lejos
El relevamiento advierte que la idea de progresar a través del estudio y el trabajo, históricamente uno de los pilares de la sociedad argentina, muestra claros signos de desgaste.
«La movilidad ascendente, como horizonte compartido, muestra signos claros de erosión», señalaron los especialistas responsables del informe.
Según los datos relevados, más de cuatro de cada diez argentinos consideran que han experimentado un descenso económico respecto de la generación de sus padres, una percepción que atraviesa a todos los sectores sociales, aunque con distinta intensidad.
El fenómeno alcanza al 51,9% de las personas pertenecientes a los sectores más vulnerables, mientras que entre los estratos medios y medios altos la cifra se ubica en el 34,2%.
El empleo tampoco garantiza estabilidad
La investigación también encontró una fuerte relación entre la situación laboral y la percepción de deterioro económico.
Entre quienes se encuentran desempleados o en condiciones de subempleo, el 54,8% afirma vivir peor que sus padres. En contraste, entre los trabajadores con empleo formal y pleno acceso a derechos laborales, ese porcentaje desciende al 29,8%.
Sin embargo, los especialistas remarcan un dato llamativo: el impacto emocional del descenso económico suele ser más fuerte entre los sectores medios y los trabajadores con empleos protegidos.
La explicación radica en que para estos grupos la sensación de retroceso implica una ruptura de expectativas históricas de progreso y estabilidad.
La desesperanza crece cuando desaparece la expectativa de mejora
El informe señala que el 12,3% de los adultos urbanos afirma sentirse desesperanzado de manera frecuente.
No obstante, ese porcentaje aumenta considerablemente entre quienes consideran que viven peor que sus padres.
En ese grupo, la desesperanza alcanza al 16,1%, mientras que entre quienes no perciben un deterioro económico intergeneracional se reduce al 9,6%.
Pero el escenario más crítico aparece cuando se combinan dos factores: la percepción de haber retrocedido económicamente y la convicción de que las futuras generaciones tendrán menos oportunidades.
En ese caso, el sentimiento de desesperanza llega al 20,2%.
Por el contrario, entre quienes consideran que no han sufrido un descenso económico y mantienen expectativas positivas para hijos y nietos, la desesperanza cae al 8,6%.
Una crisis que va más allá de los ingresos
Los investigadores advierten que la pérdida de expectativas constituye uno de los principales desafíos sociales de la actualidad.
«La combinación de deterioro económico y expectativas negativas hacia el futuro configura los escenarios de mayor desesperanza», concluye el estudio.
Además, en los sectores más vulnerables el malestar persiste incluso cuando no existe una comparación negativa con la situación de los padres. Esto se debe a problemas estructurales como la pobreza, la precarización laboral, la inseguridad económica y la falta de acceso a recursos básicos.
Una señal de alerta para toda la sociedad
El informe de la UCA expone una realidad que trasciende los indicadores económicos tradicionales. Más allá de los niveles de ingreso, el estudio refleja una creciente pérdida de confianza en la posibilidad de progresar y construir un futuro mejor.
La percepción de que el esfuerzo ya no garantiza movilidad social y que las nuevas generaciones podrían enfrentar condiciones más difíciles que las actuales aparece como uno de los datos más preocupantes de una Argentina que sigue buscando recuperar el camino del crecimiento y la inclusión social.
Con informacion de UCA
Redaccion de 7Paginas