La historia de Natalia Oviedo, docente de San José de Feliciano, refleja una realidad que atraviesan varias trabajadoras de la educación de esa localidad: para poder llegar a sus escuelas deben recorrer largas distancias y, ante la falta de transporte público compatible con sus horarios, hacer dedo en la ruta.
Oviedo trabaja en la Escuela N° 44 Del Boyero, en Federación, ubicada a unos 130 kilómetros de su ciudad. Eso significa que diariamente debe recorrer aproximadamente 260 kilómetros entre ida y vuelta.
La docente contó sus peripecias durante una entrevista con el programa Puro Cuento, de Radio Plaza 94.7, donde relató cómo transcurren sus jornadas y los riesgos que implica viajar de esta manera.
Salir a las 8 para llegar al mediodía
Natalia trabaja en el turno tarde y debe estar en la escuela alrededor de las 12:30. Para llegar a horario, sale de su casa cerca de las 8 de la mañana.
El regreso comienza alrededor de las 17:50, cuando termina su jornada escolar. A partir de allí comienza nuevamente un recorrido por etapas.
“Salimos de la escuela y tenemos cuatro paradas que hacer”, explicó.
Primero toman un remis desde la escuela hasta el acceso a Federación, un trayecto de unos 15 kilómetros. Desde allí comienzan a hacer dedo hasta Chajarí, recorriendo aproximadamente 45 kilómetros.
Luego continúa el viaje hacia Los Conquistadores y finalmente desde allí hasta Feliciano, un tramo de unos 90 kilómetros.
El punto más complicado, según relató, es precisamente Los Conquistadores.
“En Los Conquistadores hemos estado dos horas y media haciendo dedo, porque ese lugar es la muerte. Directamente tenemos que rezar para que pare alguien y nos pueda llevar”, contó.
“No tenemos colectivos en nuestros horarios”
La docente explicó que la decisión de hacer dedo no responde a una elección personal, sino a la falta de alternativas de transporte que se adapten a sus horarios laborales.
“La gente se pregunta por qué hacemos dedo, y hacemos dedo porque no hay colectivos en nuestros horarios de ingreso y salida de la escuela”, sostuvo.
Según detalló, existe un colectivo que sale desde Feliciano a las 6 de la mañana, pero ese horario no les sirve a quienes trabajan durante el turno tarde.
También existe un servicio desde Chajarí a las 16, cuando las docentes todavía se encuentran en sus escuelas.
“Es el único transporte que existe en esta zona, desde Feliciano hasta Concordia. Un solo colectivo que nosotros no podemos hacer uso porque no nos coinciden los horarios”, explicó.
Algunas salen a las 4 de la mañana
La situación es todavía más exigente para las docentes que trabajan en el turno mañana.
Oviedo explicó que quienes deben ingresar a las 7:30 tienen que salir de Feliciano alrededor de las 4 de la mañana para intentar conseguir un viaje.
“Hay que ganar el lugar y se respetan los lugares de llegada”, contó sobre la dinámica que mantienen las docentes que diariamente esperan a los vehículos en la ruta.
No todas viajan hasta Federación. Algunas trabajan en San Jaime, Chajarí u otras localidades, por lo que distintas docentes de Feliciano deben trasladarse diariamente hacia otras ciudades para conseguir sus puestos laborales.
Jornadas que pueden terminar a las 22:30
El regreso tampoco tiene un horario asegurado.
Cuando tienen suerte y consiguen rápidamente quién las lleve directamente hasta Feliciano, pueden estar en sus casas alrededor de las 20.
Pero hay jornadas en las que la espera se extiende durante horas.
“Hubo días en que nos hemos quedado varadas en Los Conquistadores, y llegamos a las 22:30 a nuestras casas”, relató Natalia.
A esto se suman las condiciones de algunos sectores de la ruta, donde deben esperar vehículos en lugares sin iluminación, sin banquinas y, en determinadas circunstancias, en medio del barro.
“Es riesgoso. Ni garitas hay”, advirtió.
“No quiero que normalicemos esta vida”
Natalia reconoce que existe una necesidad laboral detrás de esta situación. Feliciano es una localidad pequeña y, según explicó, los puestos disponibles en las escuelas locales ya están ocupados, por lo que las nuevas docentes deben buscar oportunidades laborales en otras ciudades.
“Para mí no es anormal trabajar afuera de la ciudad, sino que lo anormal es hacer todo lo que hacemos para llegar a nuestro trabajo”, afirmó.
Y dejó una frase que resume el reclamo: “No quiero que normalicemos esta vida, pero es lo que nos toca”.
La docente aseguró que ama su profesión y disfruta enseñar, pero también planteó que las trabajadoras tienen una vida familiar y personal que queda condicionada por las extensas jornadas de viaje.
“A mí me encanta la docencia. Me gusta mucho lo que hago. Pero también me gustaría que esta situación se pueda resolver, porque también tenemos vidas, tenemos hijos, tenemos una familia”, sostuvo.
El alivio de un auto contratado, pero solo para la ida
En los últimos tiempos lograron mejorar parcialmente la situación mediante la contratación de un vehículo para trasladarse hacia sus lugares de trabajo.
Esto les permitió dejar de salir tan temprano de Feliciano, pero el problema no está completamente resuelto.
“Ahora logramos mejorar: conseguimos un auto, que contratamos, y no tenemos que salir tan temprano. Vamos a ver cuánto nos dura”, explicó.
El vehículo les permite resolver parte del traslado, pero el regreso continúa siendo a dedo.
“Salir a las ocho de la mañana para volver a tu casa a las ocho de la noche no es vida”, afirmó.
Entre el humor y la necesidad de visibilizar
Durante las largas esperas en la ruta, Natalia encontró una manera de hacer más llevadera la situación: comenzó a grabar videos junto a sus compañeras y los comparte en las redes sociales.
Se convirtió así en una especie de influencer de sus propias experiencias cotidianas.
Explicó que los videos tienen un componente de humor, pero también buscan visibilizar la realidad que atraviesan las docentes que deben trasladarse diariamente para poder trabajar.
“Es más que nada para visibilizar lo que hacemos”, señaló.
“Somos agradecidas a todas las personas que nos acercan”
A pesar de las dificultades y los riesgos, Natalia destacó el acompañamiento de las personas que diariamente frenan en la ruta para ayudarlas a llegar a destino.
“Somos agradecidas a todas las personas que todos los días nos acercan en la ruta”, expresó.
Y aunque aseguró que no suelen tener malas experiencias durante los viajes, espera que en algún momento puedan contar con una alternativa de transporte que les permita llegar a sus escuelas y regresar a sus hogares sin tener que depender de la suerte de que alguien se detenga.
La historia de Natalia y sus compañeras expone así una problemática que va más allá del esfuerzo individual: docentes que recorren cientos de kilómetros por día para ejercer su profesión y que, ante la falta de un servicio de transporte acorde a sus horarios, deben convertir la ruta en parte de su rutina laboral.
Entre Rios Ahora
Redaccion de 7Paginas