La tensión dentro de la Policía de Entre Ríos (PER) parece haber llegado a un punto de no retorno. Lo que antes se discutía en voz baja en los pasillos de las comisarías, hoy ha encontrado un canal de expresión público pero anónimo: «P.E.R. en Lucha». Se trata de un espacio digital que funciona como una «voz clandestina» para denunciar una realidad que, según los efectivos, está costando vidas.
En medio de una creciente preocupación por la ola de suicidios dentro de la fuerza y los bajos sueldos que perciben, un nuevo y duro testimonio se hizo viral en las últimas horas, dejando al descubierto el sistema de trabajo al que son sometidos.
«Sin descanso y sin paga»
El relato, cargado de indignación, describe la rutina de un oficial durante un fin de semana habitual. Según la denuncia, tras cumplir guardias de 24 horas continuas, los efectivos son obligados a realizar «recargos» los domingos para cubrir operativos en canchas o eventos públicos.
«Muchos van obligados, sin poder decir que no. Van 4, 5 o 6 horas más… parados, agotados, destruidos físicamente. Y lo peor: muchos ni siquiera cobran esas horas» — reza el texto publicado en la página de lucha.
Las dudas sobre los adicionales
La denuncia apunta directamente a la transparencia en el manejo de los fondos destinados a los operativos adicionales. El testimonio plantea interrogantes que calan hondo en la cúpula policial: «¿A dónde va esa plata? ¿Quién se queda con lo que al policía no se le paga?».
Para quienes forman parte de este movimiento, la sensación de injusticia es total: mientras el personal de calle «deja la vida» sin dormir y sin comer adecuadamente, denuncian que otros «se llenan los bolsillos desde una oficina».
Un llamado a la dignidad humana
El mensaje final de la publicación es un reclamo por la humanización de la fuerza. El autor del texto recuerda que detrás del uniforme hay padres, hijos y personas que están llegando al límite de su resistencia.
«No son máquinas. No son descartables. Basta de abusar del policía y de robarle hasta el descanso», cierra el relato que ha generado una fuerte repercusión en la familia policial entrerriana y que pone en jaque el discurso oficial sobre el bienestar del personal de seguridad.
Fuente: La Misiva CAI