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La guerra de Malvinas en primera persona: el desembarco y la rendición narrada por un concordiense

Guillermo "Lito" Pérez, técnico en telecomunicaciones y excombatiente, relata su experiencia en la Guerra de Malvinas, desde el desembarco hasta el impacto que tuvo en su vida la rendición de Argentina.
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Este testimonio es un fragmento del video que, realizado por Exequiel Bond, estudiante de Periodismo de Concordia, para un trabajo práctico. En su casa-taller, Lito recibió al joven periodista y narró los momentos que marcaron su vida para siempre.

El inicio de una historia inolvidable

«En 1981, yo estaba en Igualdad Racial en un curso de especialización. Soy técnico en telecomunicaciones y electricista de base. Estábamos en Europa cuando en diciembre nos trajeron de regreso a Argentina. En enero y febrero empezamos a volar, y en marzo nos encontrábamos en Mallorca cuando tuvimos que regresar por un problema. El 24 de marzo ya estábamos en el buque en el que yo participaba, el ARA Santísima Trinidad, y notamos algo inusual: se estaban embarcando muchos infantes del Ejército. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo grande estaba por suceder».

El desembarco y la incertidumbre

Lito fue testigo y protagonista de la historia: «Nosotros estábamos destinados a la defensa de los buques de desembarco. Pero el mal tiempo complicó todo: hubo vientos de hasta 140 kilómetros por hora y olas de 8 metros. Dos helicópteros se rompieron y algunos camiones del Cabo San Antonio se averiaron.

El factor sorpresa desapareció y nos íbamos a retirar, pero un oficial nos pidió un día más. Así, el 1 de abril salimos a cubierta y nos avisaron que lo que veíamos en el horizonte eran las Islas Malvinas».

La rendición y el impacto emocional

Lito tenía 26 años cuando vivió la guerra. Recuerda el impacto de la rendición: «La recuperación de las islas, la defensa y la custodia de prisioneros fueron momentos intensos. En julio todo quedó en absoluto silencio. Me marcó mucho. Después de 15 años en la Fuerza Armada, decidí pedir la baja. La concedieron en 1984. Por mucho tiempo no hablé del tema, pero cuando empecé a recordar, reviví momentos de alegría y tristeza. Recibir una carta de Entre Ríos, un gorro, unos guantes, o un chocolate, significaba una alegría inmensa».

La retribución a la comunidad

Con el tiempo, Lito encontró una manera de transformar su dolor en acción social. Su casa se convirtió en un taller donde repara sillas de ruedas, andadores y otros elementos ortopédicos para personas con discapacidad.

«Empezamos simplemente ayudando, reparando. Tengo un taller y conocimientos en mecánica, así que empezamos a arreglar lo que podíamos. Ver la alegría de un niño al recibir su primera silla de ruedas, o el alivio de una familia al no tener que cargar a su hijo, es impagable. Esto nos creó una conciencia de soberanía y solidaridad».

Hoy, su trabajo cuenta con el apoyo del PAMI, lo que le permite llegar a más personas. «Nos convertimos en agentes de Rehabilitación y Ortopedia. Aunque muchas veces no conseguimos repuestos, nos adaptamos y fabricamos lo que haga falta».

Guillermo «Lito» Pérez, excombatiente y técnico, sigue luchando, pero ahora en una nueva trinchera: la solidaridad.

Redacción de 7Paginas