Sin embargo, la jornada también dejó un fuerte mensaje político y social. Durante el acto central encabezado por el gobernador Rogelio Frigerio, una pequeña veintena de dirigentes gremiales intentó interrumpir y tensionar el desarrollo de la ceremonia institucional. La respuesta del público ante esta maniobra fue unánime e inmediata.
El rechazo ciudadano a la confrontación
Lejos de encontrar eco o adhesión entre los asistentes, el intento de escrache quedó completamente aislado. La enorme mayoría de los vecinos presentes reaccionó de manera espontánea con aplausos y cánticos, exigiendo respeto por la celebración y respaldando la institucionalidad del acto.
La contundencia de la escena reflejó que las miles de familias entrerrianas que se dieron cita en el lugar no estaban dispuestas a permitir que una fecha de unión patria se convirtiera en un escenario de disputas sectoriales o agresiones políticas.
Un hecho político basado en el respeto
Los cronistas y analistas coincidieron en que el verdadero dato político de la jornada no fue la protesta en sí, sino la firme postura de la ciudadanía organizada en defensa de la paz social. Los vecinos reclamaron que la fiesta, concebida por y para los entrerrianos, mantuviera su esencia de encuentro y cordialidad.
La jornada concluyó dejando en claro que, si bien la convivencia democrática ampara y garantiza el derecho al reclamo, existe un límite social expresado por la propia comunidad, la cual demanda el resguardo de los espacios institucionales y el respeto por las celebraciones populares que unen al pueblo.
Redaccion de 7Paginas