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OPINIÓN | Semana Santa: Un mensaje de resiliencia y esperanza en tiempos de cruz, Por el Pastor Daniel Ozuna

El mundo entero conmemora en estos días un acontecimiento histórico que tiene a Jesús de Nazaret como protagonista y centro de atracción de la humanidad. Su existencia no solo dividió la historia, sino que marcó el destino del mundo para siempre.
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En sus últimos días, Jesús nos dejó un mensaje profundo de resiliencia: nos enseñó cómo gestionar el dolor en todos sus aspectos, cómo ejercer la solidaridad ante un mundo perdido y, sobre todo, cómo superar el odio en su máxima expresión. Su pasión nos inspira a no claudicar pese a la adversidad o la maldad; nos moviliza a perseverar a pesar de la cruz y a confiar en lo imposible a pesar de la muerte.

La cruz en el contexto actual

En el complejo escenario socioeconómico que atravesamos, el mensaje de Jesús en esta Semana Santa vuelve a tomar una vitalidad necesaria. Debemos hacer nuestra la esperanza de saber que el mal nunca vencerá y que el bien jamás quedará encerrado en un sepulcro. Es momento de retomar la fe en sus promesas, pues sus palabras son vida y son verdad.

Es imposible no conmoverse al ver cuánto padeció Jesús en manos de quienes ejercían el poder sin piedad ni misericordia. Hoy también vemos corazones conmovidos al observar a nuestro prójimo cargando su propia cruz diariamente. Vemos familias en la calle buscando saciar el hambre; una realidad que no discrimina. El trabajador también carga su cruz, cumpliendo su labor consciente de que, aun así, no logra cubrir sus necesidades básicas. Otros cargan la cruz esperando justicia o mejores oportunidades de vida. Pese a todo esto, el mensaje de Jesús cobra fuerza y nos sostiene para no bajar los brazos.

El poder de la Resurrección

El mensaje de la Resurrección es, por definición, inspirador. Nos alienta a superar toda adversidad presente, ya sea el dolor de la miseria material o la miseria humana de una vida sin sentido o vacía de propósito. La esperanza no reside solo en nuestras fuerzas, sino en la fe de aquel que venció la muerte y hoy vive para siempre.

Si bien este sacrificio fue el puente para que los seres humanos podamos reconciliarnos con El Padre mediante el perdón de nuestros pecados, la muerte y resurrección de Jesús nos moviliza a un amor incondicional. Lo amamos no solo por lo que nos ha otorgado en el plano eterno, sino por darnos una esperanza viva para los tiempos difíciles que corren.