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Ultimátum en Barrio Las Tejas: Vecinos cuentan los días para que Egger cumpla su promesa en junio

La paciencia de la comunidad llegó a su límite. Entre "lluvia de fibra" y olores incesantes, los autoconvocados instalaron un cartel recordatorio frente a la planta. Aseguran que no aceptarán más prórrogas ante la crisis ambiental que afecta su salud.
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Redacción 7Paginas

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El conflicto ambiental entre la firma Egger y los residentes de la zona sur de Concordia ha entrado en una cuenta regresiva crítica. Los vecinos del Barrio Las Tejas, el sector más castigado por las emanaciones de la planta, manifestaron a 7Paginas, que su capacidad de tolerancia ha llegado a un «punto de no retorno».

El foco del conflicto está puesto en el compromiso formal que asumió la empresa, el cual establece el mes de junio como el plazo definitivo para resolver las problemáticas que afectan el entorno. Sin embargo, a medida que las hojas del calendario avanzan, la desconfianza crece.

«Respiramos indiferencia»

La realidad cotidiana en Las Tejas sigue siendo alarmante. Según denunciaron los vecinos autoconvocados a 7Paginas, el olor es incesante y la persistente «lluvia de fibra» continúa depositándose en los hogares, afectando la salud respiratoria de las familias y la calidad de vida en general.

Ante lo que consideran una falta de avances concretos y visibles, la comunidad decidió pasar a la acción simbólica: instalaron un cartel recordatorio en las inmediaciones de la planta. El mensaje es claro: junio es la fecha límite.

«Este cartel no es solo una advertencia, es el grito de un barrio que cuenta los días. No estamos dispuestos a seguir respirando indiferencia», expresaron desde el grupo de vecinos.

 

Exigencia de hechos, no palabras

Para los habitantes del sector, el tiempo de las mesas de diálogo y las promesas técnicas ha quedado atrás. La comunidad permanece en alerta máxima y advierten que, de llegar el mes de junio sin soluciones reales y definitivas, las medidas de fuerza podrían profundizarse.

«Exigimos que las soluciones sean reales. El tiempo de las palabras ya pasó; ahora exigimos hechos», sentenciaron, reflejando el hartazgo de un barrio que se siente abandonado ante una problemática ambiental que parece no tener fin.