Este 2 de abril no fue un aniversario más para Concordia. Entre el ruido de la multitud y el silencio respetuoso de la vigilia, los veteranos de guerra de nuestra ciudad abrieron su corazón para recordar aquel 1982. Para ellos, Malvinas no es un capítulo en un libro de historia, sino una marca en la piel y un juramento que se renueva cada mañana.
«Recordamos cosas feas y lindas»
Aurelio Albornoz no oculta los nervios que aún le provoca la fecha. A más de cuatro décadas, volver a revivir el desembarco es una mezcla de sensaciones encontradas. «Es un día especial. Se recuerdan cosas feas y lindas, pero es muy reconfortante ver que el pueblo viene a apoyarnos y a enterarse de lo que hicimos allá», afirma. Su mensaje es claro: «No hay que olvidar, algún día van a volver a ser de Argentina».
De la Operación Rosario al presente
Guillermo Pérez fue protagonista del inicio mismo de la recuperación. Formó parte de la tripulación del ARA Santísima Trinidad, el buque que comandó la Operación Rosario. «Un día como hoy, a las 11 de la noche, estábamos desembarcando. Ver hoy a tanta gente en la costanera me recuerda al regreso en Puerto Madryn; había un mundo de gente, pero era un momento triste porque habíamos perdido la guerra», evoca con nostalgia.
Para Pérez, la lucha hoy es por la conciencia soberana: «En estos 44 años aprendimos a valorar la geografía. No perdimos solo las islas, sino seis millones de metros cuadrados de riqueza y soberanía en manos extranjeras. No pierdo la esperanza de recuperarlas por la vía diplomática».
Malvinizar desde el amor, no desde el odio
Ramón Corradini dedica gran parte de su tiempo actual a las escuelas. Como único integrante del Servicio Veterinario del Ejército en las islas, guarda anécdotas únicas, como cuando detectó un brote de hidatidosis en corderos que evitó que toda la tropa enfermara.
Sin embargo, su mayor preocupación es el legado. «Bregamos para que el tema esté en la currícula escolar. Nosotros nos estamos yendo, pero por suerte nuestros hijos crearon su agrupación para que no se pierda la memoria», explica. Corradini elige hablarle a los jóvenes desde una perspectiva humana: «Les hablo desde el amor y no desde la guerra, porque la guerra no le hace bien a nadie. Todo lo destruye, no hay ganadores, todos pierden».
«Una calma para el alma»
Para César Ceballos, cada 2 de abril representa un alivio espiritual ante el peso de los recuerdos y la pérdida de compañeros. «Sentimos aquel juramento que hicimos por la Patria; va a ser así hasta el último momento de nuestras vidas», asegura.
Ceballos nota un cambio positivo en la sociedad concordiense tras años de lo que describe como «olvido y desprecio». «Hoy siento que ha madurado el ‘Malvinas no olvidar’. Visitamos escuelas y el compromiso de los docentes y la atención de los chicos me hace sentir muy bien. A pesar de la locura que vivimos, siento mucho orgullo. Volvería a pelear por Malvinas porque juré defender la Patria para toda la vida».
A 44 años, el mensaje de los héroes de Concordia sigue siendo el mismo: la memoria es la única herramienta capaz de mantener vivo el reclamo por un territorio que, por historia y derecho, pertenece a todos los argentinos.
